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24 nov 2013

Fanfiction en serie: Nikita (This is your reward - Capítulo 1)

¡Nueva sección! Bueno, a decir verdad hace tiempo ya colgué algún fanfiction en el blog, pero no es una "actividad" muy común así que a muchos os puede pillar por sorpresa. :)
Estaba hoy casi terminando el fic cuando he pensado, ¿y por qué no lo subo? Quizás hay algún fan de la serie que me lee y le apetece leérselo, why not? 
Además, si veo que esta sección tiene futuro quizás me anime a colgar otros fics que tengo guardados desde hace tiempo :P.  

Fanfiction basado en la serie de televisión Nikita. Tiene como protagonistas principales a Alexandra Udinov y Owen Elliot/Sam, aunque el resto de reparto también cuenta con protagonismo. La trama tiene lugar 8 meses después del final de la 3ª temporada.

Esta historia nace a partir de una serie de ideas que me fueron surgiendo poco a poco durante el verano. Y que ahora por fin puedo poner por escrito. 
¡Espero que los que seguís la serie disfrutéis del relato!



This is your reward - Capítulo 1

Habían pasado ocho meses. Ocho tediosos meses en los que Alex se sentía más perdida que nunca. Con su dinero había logrado alquilar una apartada casa de campo, un par de coches, armamento y ordenadores de última generación. Michael, Sonya, Birkhoff, Ryan y ella continuaban juntos haciendo todo lo posible por desmantelar el paripé de Amanda y así poder salvar a Nikita.

Durante este tiempo la habían visto en un par de ocasiones en algún enfrentamiento. Amanda y el gobierno iban tras ella, y ellos simplemente se dedicaban a intentar protegerla siempre que podían. Michael lo estaba pasando francamente mal. Cada madrugada, se sentaba durante horas en el porche de la casa, mirando a la nada y sin poder dormir. Era entonces cuando Alex salía con una taza de leche y se la ofrecía mientras le hablaba de cosas sin importancia, para intentar relajarlo.

-¿Te puedes creer que Birkhoff ha conseguido pasarse hoy el nuevo juego que han sacado de Star Wars? – le comentaba esa misma noche. Al ver que Michael simplemente daba un pequeño sorbo al vaso y no le contestaba, insistió- Apenas le ha costado un día, ¡un día! Digo yo que al menos podía haber descansado un poco y haber lavado los platos, hoy le tocaba a él… Además, he intentado robarle uno de los mandos para probar y no me ha dejado. El muy…

Michael dejó el vaso en uno de los escalones y sonrió levemente.

-Siempre puedes probar ahora que está dormido.
-Creo que eso lo haría despertar en el acto, tiene un sensor personal para cuidar de sus cosas –dijo ella sentándose finalmente a su lado y tocándole un hombro con suavidad. – Michael, deberías entrar e intentar dormir. Ella….estará bien.
-Está bien que alguno de nosotros todavía mantenga la esperanza, y me alegro que seas tú. Pero lleva un par de semanas dar señales de vida y Birkhoff tampoco consigue localizarla. Está totalmente fuera del radar, quién sabe si Amanda ya la ha capturado.

Al verlo tan afligido Alex estuvo a punto de contarle la verdad: Nikita se había reunido la semana anterior con ella. Alex había proporcionado a su amiga y mentora una mochila con dinero suficiente para subsistir durante unos meses. Ambas mantenían contacto por móvil, aunque fuera en contadas ocasiones. Así Nikita sabía siempre cómo estaban sus compañeros, y Alex la ayudaba como podía para que nadie descubriera donde se encontraba escondida. Puede que estar manteniendo este secreto a sus propios amigos fuera contraproducente, pero es lo que habían acordado.

En ese momento Alex recibió un sms. Miró la pantalla del móvil y comprobó que provenía de un número que desconocía.

-¿No vas a leerlo? –preguntó Michael curioso. Era raro que Alex recibiera mensajes, cuando todos sus amigos estaban dentro de la casa y más siendo las 3 de la mañana.
-Sí, claro… -Alex apretó el botón de “abrir” y leyó hasta tres veces el mensaje. ¡Vaya! Esto sí que no se lo esperaba. –Es…el conserje de la oficina. Dice que me he olvidado hoy el paraguas cuando he acudido a la reunión. Me pregunta si quiero quedar con él mañana para que me lo devuelva.

Guardó el móvil en el bolsillo de la sudadera y miró a Michael. ¡Lo sabía! Ya la estaba observando de nuevo con esa sonrisilla condescendiente y los ojos levemente entornados.

-Y, ¿vas a quedar? –preguntó. Ahora era él el que la cogía por los hombros y la acercaba hacia su cuerpo amigablemente.
-Por mí se puede quedar el paraguas.
-Alex…
-No sigas, yo… no estoy preparada para “eso” –lo miró y se percató que en cuestión de segundos sus ojos se estaban empañando de lágrimas. Parpadeó y gesticuló hasta que las pudo esconder.

Michael se dio cuenta que la conversación de esa noche ya había finalizado. Se levantó tendiéndole la mano a su amiga y esta se incorporó con él.

-Sabes, puede que yo sí que le coja un rato el juego a Birkhoff, me apetece destrozar algunos Sith. ¿Te apuntas?
-Ve tú, anda. Yo me voy a dormir –dijo bostezando –ha sido un día duro.

Michael le dio un beso en la frente y ambos se metieron dentro de la casa.


~ ~ ~

Ya en su habitación, Alex volvió a releer el mensaje.

Te necesito. Nos vemos dentro de una hora en el viejo molino. Trae 20 de los grandes. Sam

¿Sam? ¿En serio? Un montón de emociones la envolvieron y empezó a temblar. Tuvo que sentarse en la cama y recogerse el pelo en una coleta para poder pensar. Llevaba mucho tiempo sin saber nada de Owen o Sam, como se hacía llamar ahora. Le tenía un gran aprecio y siempre tuvo la esperanza de poder ayudarlo. Y ahora él la necesitaba. ¿Qué es lo que se supone que debía hacer?

El viejo molino estaba a unos 20 minutos de donde ellos vivían. ¿Cómo había logrado averiguarlo? ¿Lo sabría alguien más? No se lo podía decir a Michael ni a ninguno de los demás, puesto que no guardaban un recuerdo muy cariñoso de él. Estaba sola en esto, y debía decidir en menos de 5 minutos si acudía a la cita o no.

~ ~ ~

Media hora después se encontraba ya en el viejo molino. Iba cargada con una mochila, y una  pistola en el cinturón. Tenía que ser precavida.

<<Si realmente fuera precavida, me habría quedado en casa>> -pensó mientras miraba a su alrededor y esperaba.

El molino estaba en una gran explanada, por lo que tenía que ver a cualquiera que se acercara. La luna estaba fuera así que no hacía falta usar linternas. Reinaba el más absoluto silencio, hasta que de repente se empezó a escuchar el ruido de un motor.

Una moto iba hacia donde ella se encontraba. Alex estaba segura de que el conductor superaba los límites de velocidad con creces.  El motorista frenó suavemente a tan solo unos centímetros de ella y se levantó la visera del casco.

-Alexandra.

Fue un leve susurro, apenas se le escuchó. Pero a Alex no le hizo falta nada más, su cuerpo volvió a reaccionar de la forma en que lo había hecho en su habitación. Alterada, se alejó dos pasos, intentando aparentar que lo hacía con la intención de dejarle espacio para que bajara de la moto.

Sam se quitó el casco, sacudiendo levemente la cabeza. Le había crecido el pelo y lo llevaba alborotado por el viaje. El resto continuaba siendo tal y como lo recordaba Alex: un tipo fuerte con mirada intimidatoria. Bajó de la moto y dejó el casco apoyado en el asiento. Las facciones de su rostro se relajaron un poco cuando sus ojos se posaron en ella, observándola de arriba abajo.

Ambos estuvieron unos segundos, que a Alex le parecieron eternos, sin decir nada. Al final, él volvió a romper el hielo.

-No sabía si ibas a venir.

Alex lo miró con recelo. Con una mano se quitó la mochila que llevaba a los hombros y la tiró al suelo, cerca de la moto. La otra mano se fue instintivamente hacia su cinturón.

-Me pediste ayuda, no podía decirte que no.
-¿Por qué? –la miraba ahora con curiosidad. Apenas le había hecho caso a la mochila, puesto que no podía apartar la vista de la joven.


-No preguntes. Si estás bien, y no necesitas nada más, coge la mochila y vete –tenía que tomar las riendas de la conversación como fuera. No quería tardar mucho en volver a la casa, ni arriesgarse a que alguno de sus amigos la echara en falta.
-¿Ya quieres que nos despidamos? Pensaba que te apetecería que te diera una vuelta en mi nueva adquisición –dijo pícaramente señalando con la cabeza la moto en la que había venido.

Eso sí que no se lo esperaba. El mensaje recibido una hora antes había llegado incluso a asustarla. Creía que Sam estaba en problemas de verdad. Y quería ayudarlo a toda costa, porque al fin y al cabo, eso es lo que se hace con los amigos, ¿no? Su indignación disminuyó y decidió seguir con aquella conversación de locos, ya que necesitaba averiguar si realmente le ocurría algo. Sam era mucho más hermético que Owen, y a Alex le costaba entenderlo, aunque lo intentaba.

Un coche pasó por la carretera y ambos callaron hasta que las luces del vehículo se perdieron en la noche.

-¿Necesitas 20 de los grandes para pagar ese cacharro?
-Eso no es de lo que estamos hablando, preciosidad.

Alex recordó que la última vez que se vieron, él también la llamó así. Sam también pareció recordar, ya que le comentó:

-Aquel día me ofreciste hasta dos millones –sonrió y se acercó un poco más ella –de todas formas te informo, mi cacharrito ya está pagado. El dinero ahora lo necesito para intentar establecerme en otro lugar, creo que es lo mejor para mí.
-¿Huyes? –Alex no pudo evitar formular esa pregunta.
-Yo no estoy huyendo de nada. Y la razón principal es porque no tengo nada aquí por lo que quedarme y mucho menos por lo que huir –sus palabras sonaron algo duras, pero pareció darse cuenta e intentó utilizar un tono más distendido- Muchas gracias por venir. Me costó localizarte y por suerte todavía recordaba tu número. No estaba seguro de que fueras a acudir, pero tenía que intentarlo. Además de por el dinero, necesitaba verte, a ti.

La conversación había tomado un rumbo mucho más intenso. Alex tragó saliva mientras pensaba bien sus siguientes palabras.

-¿Qué quieres decir?

Sam la miraba fijamente, y por un momento pudo ver un rastro de duda en su rostro. Lo notó contrariado, como si no fuera él el que realmente hubiera dicho esas palabras, sino… Owen.

-Sam, no tienes que irte, vuelve con nosotros y ayúdanos a acabar con Amanda, juntos podemos…

Alex no tuvo tiempo de terminar, ya que antes de que eso ocurriera Sam se lanzó contra ella y cayeron los dos al suelo de forma estrepitosa. Se oyeron tres disparos seguidos, provenientes de un lateral del molino. Se arrastraron corriendo hacia el otro lateral para evitar que alguna bala les impactara. Alex tropezó y Sam la agarró fuertemente del brazo mientras la colocaba detrás de él. Ambos llevaban ya sus pistolas en la mano.

Al tratarse de un edificio circular, los enemigos podían provenir de ambas partes. Por el momento volvía a reinar el silencio, y Alex solo podía oír las respiraciones agitadas de ambos.


-Alex, ¿Cómo has llegado hasta aquí?
-Caminando –susurró ella.
-Entonces tenemos que lograr subir en moto, intentar que no nos alcance ningún disparo y salir de aquí. Voy a contar hasta tres: una, dos…
-Es una locura, hay que pelear, ¡Sam!
-¡Tres!

Sin hacerle caso, Sam salió corriendo con Alex de la mano mientras ambos se giraban a lanzar tiros medio a ciegas. Alex notó como una bala pasaba rozándole el hombro y maldijo en voz alta. Antes de que llegaran a la moto, aparecieron 6 hombres. Dos de ellos cayeron inmediatamente gracias a dos disparos certeros de Sam, pero no pudieron evitar que los otros 4 se acercaran y los desarmaran con gran facilidad.

Alex logró amainar sus nervios y empezó a soltar patadas a sus dos atacantes. La ganaban en fuerza y altura, pero no podía dejarse vencer. Sam intentaba lo mismo contra sus dos oponentes, y de hecho había dejado a uno fuerza de combate. Agarró al otro por el brazo, retorciéndoselo hasta dejarlo inmóvil y luego le atizó un rodillazo en la cara. El hombre cayó al suelo inconsciente. Sam se disponía a ayudar a Alex, ya que estaban consiguiendo inmovilizarla, cuando detrás de él, escuchó:

-Vaya, vaya… Creía que esto iba a resultar mucho más complicado.

Se giró al reconocer la voz, y recibió un disparo en el brazo izquierdo. Gritó de dolor, pero continuó firme ante ella. Amanda.

Alex había dejado de forcejear y el tipo que la sostenía la acercó de malas maneras hacia la escena.

<<Ya está. Este es el fin>> -pensó aterrorizada.

-Princesita, ¿no te han dicho tus amigos que no vayas sola por la noche? Esperaba que tomaras decisiones más inteligentes, Alexandra.

Esta no contestó. No tenía nada que decirle. Estaba preparada para aquello que Amanda le fuera a hacer, simplemente no quería demostrar miedo ante ella. Siempre que Amanda había estado de por medio, alguien había resultado herido o había muerto. Simplemente ahora debía mantenerse fuerte. Amanda hizo un gesto con la mano, y Alex empezó a notar que le faltaba el aire. Aquel tipo la estaba estrangulando. Instintivamente empezó a dar patadas y a intentar quitarse aquel brazo gigante del cuello mientras por su boca apenas salía un balbuceo.

Sam se acercó corriendo, completamente empapado de sangre y le asestó un navajazo en el costado. El hombre se tambaleó hacia atrás y él aprovechó para darle otro en el estómago. Alex cayó al suelo con lágrimas en los ojos, el aire volvió a ella y sintió que estaba a punto de desmayarse. Entonces oyó otro tiro y tuvo que obligarse a abrir los ojos para ver que estaba sucediendo.

Sam cayó a su lado, entre gritos agónicos. Y ella se acercó gateando hasta que pudo sostener su cabeza en el regazo. Había recibido otro tiro, esta vez en la pierna derecha.

-Alex…
-Shhh –dijo mientras lo mecía –Todo va a ir bien, no te voy a dejar.
-Coge la moto, vete…

Amanda se había acercado hasta ellos. Estaba a tan solo dos pasos de Alex.

-Muy tiernos.

Entonces estiró su brazo y depositó una inyección en el cuello de Alex. Esta notó que la vista se le volvía a nublar y pronto cayó inconsciente encima de Sam. Y así, al verlos abrazados de esta forma, Amanda supo que había vuelto a ganar otra pequeña batalla, y que al mismo tiempo, esta era detonante para emprender nuevas acciones contra Nikita.

Otros cuatro hombres se acercaron y cargaron con sus nuevos rehenes hasta dos furgonetas.  

Continuará.... 

15 dic 2011

FIC - Como habría sido mi epílogo perfecto de El Internado

Primero, ¡perdón por la poca actividad! Tanto en el blog, como mía, que hace días que no puedo pasarme por vuestros blogs a comentar, espero sacar un poco de tiempo estos días :) Y ahora os dejo un fic, basado en la serie de televisión El Internado.

~ ~

Hace más de un año que finalizó la serie de televisión El Internado (producida por Globomedia y Antena 3). Bien, no voy  a dar muchos detalles por si alguien no vio el fina o no se enteró de "quién era el personaje querido que moría". Después de soltar alguna que otra lágrima, me decidí a escribir mi propio epílogo, con los personajes que para mi gusto deberían haber sobrevivido. Aquí os lo dejo en forma de Fic, ¡ya me diréis que os parece!

El Internado – Epílogo - 2 años después

La ayudó a sentarse en el sofá, y preocupado vio como la respiración de la chica se aceleraba.

-¡Ay! –Se quejó esta mientras se sostenía el vientre - ¡dios, ya vienen!

-Vale, cariño relájate –se sentó a su lado y le apartó el pelo de la cara mientras murmuraba –respira, respira…

-Llama, llama, por favor… -sollozó esta mientras movía la cabeza hacia atrás, encorvándose.

El hombre corrió al teléfono. A lo largo de su vida, se había enfrentado a muchas situaciones, algunas de ellas peligrosas, y justamente nunca había tenido tanto miedo como ahora. Cogió el auricular y comenzó a marcar, con las prisas se equivocó y tuvo que empezar de nuevo. Sus hijos iban a nacer en el sofá como no se diera prisa.

-Vamos, venga…. –murmuró nervioso mientras esperaba respuesta. Miró hacia el sofá y la vio llorando. Deseó con toda su alma poder ayudarla y calmarla, pero no podía hacer nada.

Diez minutos después llegó la ambulancia al domicilio. Dos chicos jóvenes subieron al piso cargados con una silla de ruedas para transportarla hasta el vehículo. En ningún momento él le soltó la mano.

~  ~  ~

Era un día soleado, y lo sabía gracias a los rayos de luz que entraban a través de la ventana. Todavía un poco dormida alargó el brazo hacia el otro lado de la cama, esperando encontrarlo. Abrió los ojos de golpe cuando se dio cuenta de que no estaba allí.

Se incorporó despacio y salió al pasillo. Caminó descalza hasta llegar al salón, y encontró una nota encima de la mesa.  “He salido a comprar, vuelvo en media hora”. Arrugó la nota y sonrió. Era demasiado bueno con ella.

Volvió al cuarto para vestirse. Quizás cuando él volviera podrían salir a dar un paseo. Mientras podía esperar leyendo en el porche. 

Salió al jardín vestida con unos vaqueros y una camiseta de manga corta de colores alegres, y se sentó en las escaleras de la entrada. No tardaría mucho, debía estar a punto de llegar.

Cinco minutos después vio su coche avanzando rápidamente por la calle de la urbanización. Ella se levantó, y todo lo rápido que le permitió su cojera se acercó a la acera. Su intención era ayudarle a entrar las bolsas de la compra dentro de la casa. Pero no traía ninguna bolsa, y parecía exaltado.

-¡María! –dijo corriendo hasta ella y dándole un rápido beso en la mejilla –tenemos que ir corriendo al hospital, me acaba de llamar… ¡ya han nacido!

-¿Qué? ¡Ohhh, tenemos que ir en seguida! ¿Y sabes si están bien? Los niños, la madre…

-Sí, están todos sanísimos. He comprado 2 cestas con cosas para los bebés por el camino. ¡Ven, anda! –dijo cogiéndola en brazos como si de una princesa se tratase.

-¡Fermín bájame! Nos están mirando los vecinos… -dijo María riéndose y moviendo frenéticamente los pies, estaba completamente feliz.

Pero Fermín se limitó a sonreír dejándola suavemente de nuevo en tierra cuando llegaron al coche. Le abrió la puerta e hizo un gesto con el brazo para dejarla pasar. María le sonrió y se acomodó en el interior, en el asiento de copiloto. Definitivamente, tenía mucha suerte de tenerlo a su lado.



~ ~ ~

-Vamos a ver, ¿y no se te ha ocurrido preguntar cuando te han llamado en que habitación estaban? –Julia miró a un lado y a otro del pasillo sin saber a dónde ir.
-Tranquila cazafantasmas, ahora pregunto… ha sido todo muy rápido.

-¡Iván! –del ascensor salían María y Fermín, cada uno con una cesta en las manos.
-Anda, creía que éramos los últimos en llegar –dijo cogiéndole la cesta a su madre para ayudarla y dándole un beso en la mejilla. Julia abrazó a María y sonrió a Fermín.

-Es la habitación 302 –dijo este empezando a caminar hacia la puerta más próxima.

Como iba cargado, Julia se adelantó para tocar a la puerta.

-¡Adelante! –dijo una voz masculina en el interior.

Y entraron los cuatro.

~ ~ ~

Era una habitación no muy grande. La luz entraba a través de unos grandes ventanales y al lado de la cama había dos pequeñas cunas. Y silencio. Los bebés dormían. Martín se encontraba sentado en el borde de la cama, cogiendo la mano de Rebeca, que se acababa de despertar. Entraron despacio uno tras otro, y Martín se levantó emocionado para recibirlos.

-Enhorabuena –dijo María abrazándolo.

Iván y Fermín dejaron las cestas en el suelo. Y este último se acercó sonriendo a la cama, para darle un beso a Rebeca.

-¿Qué tal estás? –preguntó sonriendo.

Rebeca le devolvió la sonrisa, y dijo en voz baja:

-Cansada, han dado mucha pelea estos niños…  

Fermín sonrió y se acercó a las cunas, donde ya estaban Iván y Julia mirando. Julia se volvió hacia Rebeca:

-Son guapísimos. ¿Ya sabéis cómo los vais a llamar?

Rebeca asintió.

-Saúl al niño y Blanca a la niña.
-Son unos nombres muy bonitos.
-¿Y dónde está Lucas? –preguntó Iván.
-Se quedó anoche en casa de Paula, hoy se iban de excursión con Sandra, Paula, Héctor y creo que Evelyn. Hace poco que los he llamado para darles la noticia, en un rato vendrán. Lucas está muy ilusionado.

María se acercó a las cunas, poniéndose al lado de Fermín.
-María, si quieres, puedes cogerlos –dijo Rebeca.
-¿Seguro? Es que siendo tan chiquitines…yo nunca he tenido un niño tan pequeño en brazos-  dijo dubitativa mirando a Iván.
-Tranquila mamá, que son más fáciles de manejar que yo –dijo este acercándole a Saúl.

María lo cogió. Era tan frágil. Tenía la cara llena de arruguitas y movía levemente las manos mientras hacía pucheros. Fermín se acercó a ella por detrás y la besó en el cuello mientras posaba sus brazos en su cintura.

-Vas a ser una madre perfecta –le murmuró al oído.
-Es cierto –dijo Martín cogiendo a Blanca de la cuna -¿dentro de poco os volvéis a marchar a China para traeros a la niña, no?

Había sido un año muy largo y duro. Viajes a China, entrevistas con psicólogos…y por fin se iban a traer a una niña a España. Aunque María no pudiera tener hijos, eso no iba a ser un impedimento para que ella y Fermín fueran padres.

-Si, en diez días nos vamos –comentó María nerviosa.
-Bueno, aunque Iván no os lo haya dicho… ha comprado una casa enorme de muñecas para la niña –dijo Julia riéndose.
-¡Calla Casper!, además yo no la he comprado, fue idea tuya –Iván parecía un poco avergonzado.
-Vaaa, admítelo, estás deseando conocer a tu hermanita y malcriarla –dijo Julia cogiéndolo del brazo y apoyando su cabeza en el hombro del muchacho.
-Hombre yo cuento con vosotros para que vengáis a ayudarme –dijo María pasándole al pequeño Saúl a su madre.

En ese momento entraron Héctor, Paula y Lucas en la habitación.

-¡Papá!
-Ven aquí hijo, mira –dijo Martín enseñándole a la pequeña Blanca.
-¿Están despiertos o dormidos?
-Creo que dormidos hijo, son todavía muy pequeños y casi no pueden abrir los ojos.

-Hola a todos –dijo Héctor mientras saludaba a Fermín con un apretón de manos.
-Creo que va siendo hora de que salgamos un rato –dijo este –con tanta gente aquí vamos a agobiar a Rebeca, y necesita descansar.

-Espera Fermín –dijo Paula sacando una cámara de fotos de su mochila, ¡vamos a hacernos una foto todos juntos!
-¿Dónde está Sandra? –preguntó Martín.
-Aparcando el coche –contestó Héctor.

Todos se colocaron alrededor de la cama, Rebeca sostenía a los dos niños, uno en cada brazo, Lucas y Martín se encontraban cada uno a un lado, arropándola. A un lado de la cama se  pusieron Fermín y María abrazados, junto a Julia e Iván. Y al otro, Héctor. Paula puso el disparador automático encima de una repisa y corrió al lado de su tío.

-¡Falta Jacinta!, está cuidando de Samuelín… –bromeó Héctor cuando la foto ya estuvo hecha.
-Esta tarde me pasaré por su casa y la traeré, le va a hacer mucha ilusión –dijo Fermín.

Poco a poco se fueron separando de la cama, menos Paula y Lucas que se quedaron viendo a los niños. Julia miró a Paula. La pequeña había crecido bastante desde la última vez que la había visto. Parecía un poco más alegre, pero seguro que en su interior, todavía echaba de menos a su hermano.

Bajó la vista y se entristeció al recordar cómo había muerto Marcos. Cuando su hermana salió disparada a abrazar su madre, uno de los soldados había disparado sin compasión. Marcos se interpuso entre la bala y su hermana, quedando gravemente herido. Horas después moría en el hospital sin que los doctores pudieran hacer nada por él. Pero al menos había muerto sabiendo que todos estaban a salvo, y que su madre, Héctor, Paula y el pequeño Samuel estarían juntos para siempre.
La última imagen que había tenido de él era una vez muerto, su fantasma, alejándose de la mano con Carolina. Por fin iban a estar juntos, para toda la eternidad.

Iván la besó por sorpresa, haciendo que dejara de pensar en recuerdos pasados.

-¡Eh, Casper!, ¿estás bien?
-Sí, tranquilo…
-Venga, que cuando acabemos aquí, nos vamos al centro comercial a comprar cositas para nuestra nueva hermanita. Ya sé que el otro día solo miramos juguetes y que tú preferías mirar algo de ropa. No sé, el pijama de Casper, la mochila para el cole de los cazafantasmas…
- Idiota… -dijo Julia sonriéndole.
Iván le devolvió la sonrisa y dijo en voz alta:

-Familia, nosotros nos vamos. Nos pasaremos otro día a veros –dijo mientras abrazaba a su madre.
-Id en cuidado con la moto –dijo esta.
-Tranquila María –digo Iván mientras abría la puerta de la habitación y dejaba salir a Julia.
-Os acompaño, he quedado en la entrada con Sandra, para decirle la habitación en la que estamos –dijo Héctor saliendo por la puerta junto a la pareja.
-Paula, ¿quieres que vayamos a merendar? –dijo Lucas.
-¡Vale!
-Esperad, os acompaño –dijo Martín -¿os importa quedaros con Rebeca?
-Ve tranquilo, nosotros nos quedamos con ella –dijo María mientras tapaba a los gemelos de nuevo en sus cunas.

Rebeca suspiró y miró pensativa el lugar donde estaban sus hijos.
Fermín se acercó a la cama y se sentó junto a ella, cogiéndola de la mano.

-¿Estás bien? –algo la preocupaba, lo podía ver en su mirada.
- Y si…Saúl o Blanca han salido con mis poderes. No me lo podría perdonar, lo pasarían fatal.
-Venga no digas eso, también pueden tener los poderes de Lucas, aunque Martín no los tenga, pueden ser hereditarios de su familia, ¿no?
-Y los niños, tengan el poder que tengan, van a ser felices –añadió María –para eso estáis vosotros, Lucas, nosotros…Nunca les va a faltar de nada.
-Además, piensa que somos un grupo peculiar. Hace unos años desarticulamos una trama nazi de cojones salvando al mundo. Conseguimos curar a 400 niños. Esa siempre es una buena historia para contarles a los niños dentro de un tiempo –añadió Fermín – y no se sentirán raros, está Lucas que ya controla sus sueños y premoniciones, así que los puede ayudar. Luego estás tú, que vas a ser toda una madraza. Martín, que hace muchísimo tiempo que no lo veía tan radiante. Los tíos Fermín y María, y la tía Julia que ve fantasmas. Créeme, se sentirán cómodos entre nosotros.

Rebeca sonrió agradecida. En ese momento entraron Sandra y Héctor.

-Bueno, ahora sí que nos vamos. Si necesitáis cualquier cosa, llámame. Mañana nos volveremos a pasar, ¿vale Rebeca?
-Gracias –dijo esta mirándolos a ambos.

~ ~ ~

Caminaron por el pasillo hasta los ascensores. María cogió el brazo de Fermín y apoyó un poco su peso en él.

-¿Te duele? –preguntó el hombre mientras posaba su mano en la pierna derecha de su mujer.
-No… bueno un poco, he estado un buen rato de pie. Ahora cuando me siente en el coche se me pasa, de verdad.

Fermín le dio un beso en la frente y la abrazó. Todavía recordaba el día en que Garrido lo había apuntado con un arma a la cabeza, y amenazaba con matarlo. Lo había dado todo por perdido, no tenía escapatoria. Sabía que iba a morir, y en vez de miedo, se sentía tranquilo. Tranquilo porque sabía que ella había logrado escapar gracias a su plan, y que iba a vivir el resto de sus días junto a su hijo, feliz.

Pero entonces María había salido de la nada, abalanzándose al cuello de Garrido. En ese momento de distracción por parte del militar, Fermín se había levantado para impedir que este dañara a María, pero no había podido evitar que ella recibiera un tiro en la pierna durante el forcejeo. Garrido se había llevado un buen golpe en la cabeza al caer al suelo, por lo que quedó inconsciente y Fermín pudo atarlo y dejarlo inmovilizado. Pero mientras, María había perdido mucha sangre y como los servicios sanitarios tardaron en llegar más tiempo, la pierna había quedado dañada, y desde entonces cojeaba. Las sesiones de rehabilitación la ayudaban, pero no eran milagrosas.

Garrido había entrado en prisión condenado por numerosas muertes, pero a lo pocos meses había fallecido a causa de una pelea.

Nunca se separaría de ella, la amaba. Se amaban. Habían sobrevivido a aquella pesadilla, y juntos había formado una familia. Y en unos días, tendrían a su nueva hija con ellos. Se sentía el hombre más afortunado del mundo.

FIN